Entrevista con María Rosa Castro Prieto (ES)

María Rosa CastroSoy profesora de terminología desde hace más de veinte años. Comencé mi docencia en la Universidad de Granada y en la actualidad formo parte del departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid. Durante un breve período de tiempo también he impartido clases de Lingüística aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. He compaginado estas labores docentes con la práctica profesional ya que he colaborado en la depuración del banco de datos Eurodicautom; he sido responsable de la terminología en lengua española en una agencia de traducción denominada C&L; así mismo he sido la responsable del departamento de Documentación y Terminología de una agencia de servicios lingüísticos. En el ámbito investigador formo parte de los grupos de investigación Ecolexicon y Aula.int, ambos pertenecen a la Universidad de Granada.

1. Usted estudió Filología española y obtuvo un doctorado en Traducción e interpretación. ¿Podría contarnos cómo acabó especializándose en el campo de la terminología? ¿Cómo descubrió que la terminología era su pasión?

Me licencié en Filología Española por la UAM en el año 1990. Nada más acabar mis estudios inicié los habituales cursos de formación de profesorado ya que esa era mi vocación. Sin embargo, una serie de casualidades me hicieron toparme con la terminología un par de años más tarde: después de una estancia de verano en La Sorbona volví a España con una recomendación para empezar a trabajar en una agencia de traducción en el departamento de terminología. En ese momento no tenía ni la más remota idea de en qué consistía el trabajo, ni por supuesto sabía qué era un término, pero sí recuerdo que me entusiasmé al enterarme de que tenía que trabajar con “palabras”, en realidad lo que más me había gustado de mis estudios filológicos. Esto ocurrió hacia el final de 1992, desde entonces no he dejado de hacerlo.

2. IATE es la base de datos terminológica interinstitucional de la Unión Europea, la cual incluye entradas en las 24 lenguas oficiales, ¿qué opinión le merece IATE y qué mejoras recomendaría?

Ante todo me parece una herramienta imprescindible para el colectivo de intermediarios de la comunicación. Pero sobre todo destaco que sea una herramienta de todos, se pueden proponer entradas para añadir a la base, y para todos gracias al respaldo institucional y financiero de la UE. Este apoyo constante permite que IATE sea una herramienta viva puesto que está en continua expansión y actualización. Considero un acierto que represente de un modo sistematizado el conocimiento especializado, mediante la estructura de EUROVOC, clave para que los intermediarios de la comunicación puedan realizar sus consultas de manera fiable. Sin embargo echo de menos, en estos tiempos de web semántica, una interfaz más versátil que permita al usuario reordenar toda esta información para recuperarla según sus necesidades. Reconozco que la simplicidad de la que existe le facilita la consulta a cualquier ciudadano, recordemos que es una herramienta para todos, pero me gustaría que la interacción con el usuario de perfil más lingüístico ofreciera datos interconectados al modo de las bases de conocimiento.

3. Los traductores e intérpretes constituyen el principal colectivo consumidor de terminología, ¿diría que, sin embargo, los recursos terminológicos que se les ofrecen están infraexplotados o, incluso, que muchos de ellos no se conocen?

Habría que preguntarse ¿qué se considera recurso terminológico?, ¿cómo es?, ¿cuándo se necesita?, ¿cómo se usa? Si respondemos a estas preguntas con datos fidedignos podremos saber si los recursos que existen en la actualidad cumplen las expectativas del colectivo profesional. Por ello, creo que se necesita hacer una evaluación de qué usan los traductores como recurso terminológico y cómo usan esos recursos terminológicos para redefinir utilidades y productos.
Las herramientas han evolucionado en los últimos tiempos lo que ha provocado que los hábitos de búsqueda también lo hayan hecho. Sin embargo, los productos terminológicos mantienen su mismo formato tradicional de consulta lo que constituye, según mi opinión, un gran inconveniente. Hoy, más que nunca, el profesional necesita eficiencia, versatilidad e inmediatez y eso solo se consigue reuniendo toda la información de la que se disponga en un único soporte que permita un proceso simplificado de consulta y una obtención satisfactoria de resultados.

4. Como docente y coordinadora de la asignatura Terminología aplicada a la traducción en la Universidad Autónoma de Madrid, ¿siente que sus alumnos padecen “terminologifobia” (término acuñado por Mark D. Childress )? ¿Cómo consigue motivarlos?

En mi trayectoria docente diría que he encontrado más o menos este sentimiento de “terminologifobia” al cincuenta por ciento; los alumnos se acercan a la materia con expectativas negativas o positivas y a lo largo del curso bien se mantienen en esa perspectiva con la que comenzaron, bien la cambian. Personalmente me esfuerzo para que vean que gracias al trabajo terminológico se resuelven sus necesidades de tipo léxico desde cualquiera de sus perspectivas: cognitivas, sociofuncionales, gramaticales. Claro, esto es algo teórico puesto que ni están en el ámbito profesional ni, lo más importante, sus propios profesores de traducción e interpretación les crean esa obligación ya que tienden a simplificar la resolución de cualquier obstáculo terminológico con el solo uso del diccionario. Es decir, la tendencia habitual es la de situarse usualmente en una perspectiva de resolución puntual, pero no en una perspectiva de resolución sistemática que, a la larga, es más satisfactoria. En mis clases insisto en diferenciar las ocasiones en las que se requiere realizar un trabajo sistemático de aquellas en las que solo se requiere un trabajo puntual sean los motivos que sean.


5. Además de su labor docente, también es investigadora y trabaja en diferentes proyectos relacionados con el léxico y la terminología, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta en su trabajo de investigación?

Considero que uno de los retos de la investigación terminológica, o al menos desde mi perspectiva particular, es ampliar el espectro de los consumidores de terminologías. De una manera generalizada la investigación que se lleva a cabo está orientada mayoritariamente hacia los profesionales de la traducción e interpretación y creo que esta perspectiva limita el alcance de los resultados de la disciplina. Es cierto que en la última década se ha avanzado de manera considerable en la fundamental descripción lingüística, pero falta aplicar los resultados a otros colectivos: documentalistas, periodistas y divulgadores científicos, profesores de lenguas extranjeras para fines específicos, etc.

6. En un mundo liderado por la tecnología y las redes sociales ¿cómo abordan los terminólogos el creciente número de neologismos?

Como un fenómeno lingüístico sin más. Quiero decir con esto que para un terminólogo la neología es un objeto de estudio, de análisis sobre el que reflexionar acerca de su: necesidad, origen, adaptación, dependencia, o convivencia con formas existentes. El contacto que se produce entre las lenguas propicia la aparición de nuevas formas de representar conceptos existan, o no, en la lengua receptora. En el caso de las terminologías de los campos de conocimiento, la neología constituye un recurso de la lengua para actualizar el pensamiento científico. Ante estas posibilidades, la labor de un terminógrafo, es decir de alguien que se dedica a la terminología desde su vertiente más práctica, pasa por recopilar estas novedades y sus peculiaridades para así dar cuenta de ellas de tal manera que el usuario-consultante tenga la información necesaria para decidir cómo actúa.

7. Existen cada vez más empresas internacionales, así como más trabajo y colaboración transnacional, ¿opina que a las empresas les resultaría útil tener su propia base terminológica? Y si es así, ¿cómo les demostraría que necesitan terminólogos en su empresa?

Hay algunos ejemplos de empresas multinacionales que elaboran y mantienen sus propias bases terminológicas ya que, por motivos de índole comercial, les resulta práctico y necesario tener un registro terminológico de sus productos. Sin embargo, la mayoría de las compañías desconoce los beneficios que les puede reportar el control lingüístico de sus productos y, desde una perspectiva multilingüe, el modo en cómo los pueden presentar a sus clientes. Recuerdo el caso de una multinacional española que tuvo que enfrentarse a la retirada, en el mercado internacional, de unas sandalias a las que denominó “esclavas” en lengua española porque esta denominación en otras lenguas producía tal rechazo que no se vendían. Con este y otros casos se les puede demostrar a estas corporaciones que si realizaran un trabajo terminológico previo se evitarían este tipo de situaciones, que para ellos tienen consecuencias económicas, ya que conseguirían una mayor cohesión e identidad léxica que a la larga les reportaría beneficios.

Terminology in Spain8. ¿Cómo cree que ha evolucionado la terminología en España? ¿Cuáles son sus perspectivas para el futuro?

Los estudios terminológicos han ganado terreno en España desde su implantación en las facultades de traducción e interpretación en la última década del pasado siglo. En estas dos décadas, gracias a la docencia, la investigación y el trabajo desde algunas instituciones, se ha avanzado mucho. De todos modos, todavía queda bastante por hacer para lograr mayor visibilidad de la materia ya que fuera del ámbito de la traducción e interpretación pienso que hay un gran desconocimiento por parte del resto de investigadores del ámbito de las lenguas. Todos los que nos dedicamos a esta materia tenemos el reto de difundir los resultados de la investigación y conseguir que forme parte de otros planes de estudio universitarios.

También hay que visibilizar la materia desde las instituciones. Por ello, gran parte de los que nos dedicamos a este ámbito formamos un grupo más o menos homogéneos articulado en torno a una asociación, AETER, que se reúne periódicamente y cuyos objetivos se enfocan a la terminología desde el punto de vista disciplinar. Uno de los proyectos más ambiciosos de AETER ha sido proponer una iniciativa, a la que se ha dado como nombre TERMINESP, con el propósito de lograr que se constituya como organismo que se dedique a organizar la terminología de todo el ámbito hispánico y que, a la par, se coordine con otros organismos de ámbito autonómico tales como Euskalterm, Termcat o Termigal. Parece que en la actualidad el proyecto pasa por una fase de revitalización por lo que espero con expectación que se consiga hacerlo realidad.

9. ¿Qué piensa del papel que la Unión Europea desempeña en el ámbito lingüístico? ¿Cree que favorece el desarrollo de la terminología?

Desde las instituciones de la Unión Europea siempre se han apoyado las iniciativas de tipo lingüístico. Pienso que por una cuestión de exigencia de la realidad plurilingüe. Este respeto a la diversidad de las culturas europeas repercute en el apoyo a las diferentes lenguas. Por ello, la terminología también se ha visto beneficiada, aunque de una manera más evidente en otras épocas, no obstante considero que en la actualidad no es un asunto prioritario. Si lo fuera, por poner un ejemplo, seguro que el modo de consultar IATE mejoraría notablemente.
Por otra parte, creo que para que la terminología de cada lengua se desarrolle y se difunda se necesita a las instituciones de cada país y a la cooperación entre estas y la Unión Europea. Solo así se puede hacer una terminología más autónoma y menos dependiente de otras lenguas.

10. Por último, dado que en su día a día está rodeada de estudiantes, ¿cree que los jóvenes de hoy pueden desarrollar una carrera en terminología? Y si es así, ¿qué consejo les daría para conseguir su objetivo?
Creo que, aunque la profesión de terminólogo puede ser una realidad, no existe una demanda en el mercado laboral como tal. Sin embargo, sí pienso que tener una óptima competencia en gestión terminológica añade un valor al currículum de los profesionales de la lengua ya se dediquen a las lenguas desde una perspectiva monolingüe o multilingüe.

[1] Childress, Mark D. Terminologiphobia. Multilingual Magazine, June 2006 (página 86)


carmela_blancoCarmela Blanco
Carmela nació en Madrid el año en el que se firmó en Tratado de Maastricht de la Unión Europea. Tiene el Grado de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Madrid y un Máster de Interpretación de Conferencias de la National University of Ireland, Galway. Cogió rodaje como traductora de inglés y francés en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Coordinación. Antes de venir a Luxemburgo, trabajó como traductora e intérprete de conferencias autónoma en la ONU de Ginebra y en una serie de conferencias, la mayoría del campo médico. Asimismo le gusta tocar el piano y todo tipo de deportes.

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